#YoSoy2.5Ghz

“En política, la forma es fondo”
Jesús Reyes Heroles.

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Lapidaria o explicativa de la idiosincrasia de nuestro país, la frase célebre de aquel personaje tuxpeño-veracruzano sigue describiendo a la perfección el tan mexicano y televisivo afán de escoger y hacer propia tan solo la parte temporal, morbosa o chusca de un asunto por demás serio, dejando a un lado los datos duros, y la experiencia que el caso puede dejarnos para resolver de mejor manera una situación posterior que, por su similitud, nos permita aplicarle una misma receta para su solución.

Es justo eso lo que ocurre el día de hoy con el gran revuelo que ha causado el ‘pleito’ entre el grupo MVS y autoridades del Gobierno Federal por el anuncio de este último del rescate en favor del Estado de las frecuencias contenidas en la franja de los 2500 a los 2690 Mhz, conocidas genéricamente con el nombre de Banda 2.5Ghz. Observamos a través de los medios tradicionales el envase, mientras el “jugo” que está en el interior es lo que vale. En el análisis serio, Vargas, Lozano, su misterioso “amigo en común”, Aristegui, Sota, Pérez Jácome, Meade, Cordero y hasta el mismísimo Presidente Calderón salen sobrando.

Lo que está en juego en realidad es un “pedacito” -desde un punto de vista didáctico- de las partículas electrónicas que en todo momento tienen posibilidad de zurcar el aire, atravesando paredes e inclusive a nuestros propios cuerpos, y que sirven para conducir desde una antena transmisora hacia nuestros aparatos (o viceversa), servicios tales como imágenes de televisión, audio, texto, telefonía, datos y/o internet, ya sea de manera gratuíta o condicionada al pago del $ervicio al proveedor.

Por su cantidad limitada y sus características propias (distancia de alcance, potencia necesaria, tamaño de la onda, etc.), los países se ven en la necesidad de ordenar esos “pedazos” y asignar cada uno al tipo de servicio que en ese momento se considere más idóneo e, inclusive, decidir por cuáles debe de cobrar una contraprestación especial según su uso (canales de TV, radiodifusión, telefonía comercial), y cuáles otorgar gratuitamente a su población (frecuencias para aparatos Wi-Fi, teléfonos inalámbricos, “walkies-talkies”, etc.). En fin.

La historia se remonta a hace algo más de 20 años. En 1989 nace MVS Multivisión bajo una premisa innovadora para su tiempo: a través de la entonces barata e inutilizada banda de los 2.5Ghz, transmitir contenidos de TV y radio directo al hogar de sus suscriptores para competir con los monopolios locales/regionales de las “cableras” sin la necesidad de instalar de cero costosísimas redes cableadas como las que tienen estas últimas.

Innovador como lo era el servicio, estaba sujeto a los límites de la tecnología, razón por la cual su red tan sólo podía difundir un máximo de 69 canales analógicos (relativamente pocos para el usuario promedio de televisión restringida). Hoy, gracias a los más novedosos dispositivos digitales 4G, esa misma cantidad de frecuencias se comienza a utilizar de manera homogénea en el mundo para expandir la capacidad de las naciones para acceder a redes de comunicaciones móviles, pudiendo albergar sin problemas al menos a 4 nuevas (o actuales) proveedoras del servicio, con cobertura nacional para millones de nuevos suscriptores a velocidades mucho mayores a las que accedemos hoy vía las tecnologías 2G, 3G y 3.9G.

Como podemos ver, gracias a la popularidad de los nuevos dispositivos portátiles para acceder a telefonía e internet, y a las tecnologías que dividen y optimizan las frecuencias haciéndolas veloces y rentables, esos canales de transmisión pasan de ser bienes de valor marginal a vías estratégicas de gran valor tanto comercial como social a los cuales se hace vital administrar con la mayor eficiencia y cuyo valor hoy se tasa día en cientos de millones de dólares por un solo Megahertz en un área determinada (de 190Mhz ya ni hablamos).

Así es como nace la complicación entre la empresa titular de la mayor cantidad de concesiones en esa banda (y la antigüedad que a su juicio crea derechos preferenciales sobre las mismas), y el Gobierno que sostiene que, aunque sea el mismo bien el concesionado, sus nuevos usos son lo suficientemente diferentes en naturaleza y valor como para condicionar su actualización al pago de una cantidad en dólares estratosféricamente mayor a la que MVS pagaba por transmitir unos pocos canales analógicos de baja definición.

Después de esta explicación y su contexto usted quizás ya tenga un favorito. Quizás pudiera decir que la Secretaría de Hacienda del Gobierno Federal se está viendo excesivamente ambiciosa por exigir una cantidad mucho mayor que la que tradicionalmente cobraba por alquilar el mismo bien, o quizás pasará por su cabeza lo “gandalla” que se ve MVS al plantear pagar al gobierno mucho menos del precio internacional estimado por acceder a un negocio multimillonario cuyo número de competidores está limitado por la disponibilidad de frecuencias. Pues ¿Qué cree?, La cosa es todavía un poquito más compleja.

El mercado de las telecomunicaciones en México está dominado por un par de grupos con cobertura fija y móvil nacional: (Telcel-Telmex [América Móvil], y Iusacell-Cablevisión-MegaCable-Cablemás [Televisa]), así como algunos otros operadores menores en el país pero con gran tamaño en sus países de origen y en el mundo: (Movistar [Telefónica de España], Nextel-Axtel [Motorola] y otros). Estas pocas empresas, grandes y muy consolidadas, tienen participación suficiente en el mercado para fijar los precios de la industria al consumidor final, y la capacidad financiera para pagar a la autoridad la mayor cantidad de dinero en una licitación pública para ampliar sus frecuencias. ¡Ah! Y por gastar en infraestructura no tienen por qué preocuparse puesto que ya tienen sus terrenos, antenas y redes de fibra óptica instaladas.

Para evitar esta concentración entre las mismas empresas -y ganar adeptos para su causa-, MVS presentó como providencial y cuasi-caritativo su proyecto llamado “Banda Ancha Móvil para Todos” en el cual proponía que 140 de los 190Mhz en disputa se entregaran a un consorcio -del cual es parte- que se encargaría de instalar infraestructura para transmisión a nivel nacional y que ésta a su vez se “preste” a varios operadores regionales y/o nacionales que sean los encargados  de vender y operar el servicio al cliente final sin necesidad tener grandes capitales para adquirir las frecuencias ni instalar su propia y costosa infraestructura. De ese modo, dicen, se abrirían las puertas a muchos nuevos competidores con una alta eficiencia y bajo costo para los que comienzan. De inicio suena bien, de no ser porque sabemos que ellos serían por default los encargados de “cobrar la renta” a los nuevos mini-operadores que operan en esa banda, además de saber que MVS no está dispuesto a pagar mucho al fisco por ello.

¿Y entonces?

Se presenta ante nosotros un asunto que se litiga en medios, con argumentos muy diferentes a los que son centrales, y con una inducida obligación a darle la “razón total” a alguno de los argumentos cuando ambos puntos de vista tienen la misma validez.

No es un asunto entre “buenos” y “malos” o en el que debamos quedarnos en la coyuntura de elegir entre “A” y “B”: es una gran oportunidad para fijar por escala de prioridad los criterios que la autoridad debe de seguir para operar por sí misma o entregar a particulares un bien tan valioso con un intrínseco potencial como motor para el desarrollo. También una oportunidad para reflexionar sobre lo que debe ser la competencia económica y el combate a los monopolios en nuestro país.

¿Debe ser para el Estado la máxima recaudación, producto de la licitación de las frecuencias, la máxima prioridad ya que es dinero de todos los mexicanos? ¿Debería ceder en sus pretenciones económicas para propiciar la entrada de nuevos jugadores al mercado? ¿Debería ser prioritaria la cobertura ofrecida por el concesionario? ¿O la de calidad? ¿O el precio al usuario final? ¿La velocidad? ¿O acaso un promedio de dos, varios, o todos los parámetros anteriores?

Al final de cuentas, es de todos los mexicanos el dinero que el gobierno recibe a cambio de las frecuencias, pero también es cierto que después pagaremos al proveedor de internet una parte de lo que él pagó al gobierno.

O aún más preguntas…

¿Es correcto que la empresa dominante en telefonía fija también tenga una empresa de telefonía celular? ¿Está bien que a su compañía celular le dé acceso y precios preferenciales por encima de las demás? ¿Podría existir y/o tener el mismo éxito si se prohibiera lo segundo?

¿Es correcto que las empresas dominantes en TV abierta posean una empresa de comunicaciones móviles? ¿Es justo que esas empresas otorguen espacios publicitarios a precios preferenciales o a título gratuíto a su empresa de telefonía celular (hasta en las novelas)? ¿Está bien que esas empresas utilicen sus espacios informativos para defender sus propias agendas de negocio? ¿Les interesaría entrarle al negocio celular si no pudieran darle esas “ayudas” a su filial?

¿Es correcto que una empresa líder nacional en radio posea y opere prácticamente la totalidad de una banda de internet móvil de banda ancha? ¿Es justo que utilice sus espacios radiofónicos con gran audiencia nacional para defender desde su propio punto de vista sus intereses en un negocio totalmente ajeno al de la radiodifusión? ¿No es natural la tentación de hacerlo cuando las mismas personas son accionistas de los dos negocios?

Mientras no fijemos claramente los criterios bajo los cuales se rija una política nacional de telecomunicaciones, y no definamos los límites sanos de concentración de mercado, poder económico y sus conflictos de interés, viviremos bajo la sospecha de decisiones discrecionales de la autoridad sin un criterio consistente o como pago de favores o, peor aún, obtenidas bajo la presión de empresas de medios de comunicación que son capaces de lanzar a la opinión pública tan solo la versión de los hechos que corresponde a sus intereses comerciales.

Al final, ¿Quién ganará?

Si todos participamos y exigimos de manera informada, ganaremos todos.

PD: ¿Y la idónea banda de los 700Mhz? En 7 canales locales de Televisa.

Marco Antonio @MtzGuerrero es jarocho, licenciado en derecho por la Universidad Cristóbal Colón, ex-Coordinador Nacional de Comunicación de Acción Juvenil y experto en Social Media y Aplicaciones Web. “El Ave Canta” toma su nombre de aquel famoso verso de Salvador Díaz Mirón: “el ave canta aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas”. Consulta más columnas enhttp://www.marcomartinez.org